El tsunami de IA que ya está aquí

Spoiler: no es un post motivacional, es un desahogo.

Me despierto.
Miro el móvil.

Todas las redes sociales lleno de gurús y no gurús diciendo que si no aprendo IA ya mismo me voy a quedar fuera. No me da tiempo ni a hacerme el café y ya tengo la presión en el pecho y la p* incertidumbre de: “¿qué hago?”, “¿me reciclo?”, “¿me pongo a aprender prompt engineering como una loca?”, “¿ciberseguridad?”, “¿automatizaciones con agentes?” “¿o lo mando todo a la mierda y me voy a cultivar tomates a una isla? (esto molaría, jajaja)”

El caso es que la maquinita inteligente ya no es ciencia ficción. Está aquí y aquí se va a quedar. Es ese becario invisible que te adelanta, te corrige, te hace los resúmenes, te diseña el powerpoint y lo que le eches. Antes tardaba tres horas en escribir un informe (o más) y ahora en 15 segundos me devuelve algo “aceptable” o desde luego, a veces, mejor de lo que lo hubiese hecho.

Me quedo loquísima y con una mezcla rara de “¡qué guay! ¡es la hostia!” y miedo. Muy bien porque me ahorra tiempo y obviamente salen cosas en las que ni había caído y miedo porque muchas veces pienso: “si lo hace tan fácil, ¿para qué carajo me necesitan a mí?”

Me gustan las cifras, estadísticas y estudios, pero ¡hostia! Estas cifras me han dejado así como planteándome si bajarme de la vida o seguir la ola todo es arcoíris (vomito):

  • Casi el 40 % del empleo mundial está expuesto a la IA (IMF, 2024).
  • En España, hasta el 65 % de la población empleada podría ver cómo la IA impacta sus tareas (BBVA Research, 2023).
  • A nivel global, se calcula que hasta un 30 % de las horas trabajadas podrían ser automatizadas para 2030 (McKinsey, 2023).
  • Y por si fuera poco, el 40 % de las empresas ya espera reducir plantilla gracias a la IA (WEF, 2025).

No es el apocalipsis hollywoodense, es un tsunami a cámara lenta.

Pero es que ya no es solo el trabajo. Es la cabeza. Empiezo a preguntarle a la IA qué cenar, si enviar o no ese email, cómo estructurar mi semana, cómo responder a una colega cuando se pone intenso, le pido consejo para todo (bueno más bien para muchas cosas, no todo).

¿En qué momento dejo de ser yo la que decide?
¿Cuándo se me apagó la intuición?
¿Es posible que me haya vuelto una vaga? Sí, desde luego que sí. Si esto sigue así, ¿qué es lo mío? ¿qué me queda?

Me hace gracia pensar que nos vendieron la IA como un asistente, pero a veces se siente más como un colega pesado que no se calla, te da siempre la razón sin no le dices lo contrario, responde aunque no le preguntes. En fin… Útil, sí… pero ¿hasta dónde vamos a llegar?

Y mientras tanto, tú, yo, cualquiera, intentando surfearlo. Te dicen: fórmate, adáptate, no te quedes atrás. Vale, pero nadie dice que hay días en que prefieres bajarte de la vida. Que hay miedo real a no encontrar hueco. Que hay personas ya perdiendo clientes, freelancers rebotando, creativas quemadas, que los curros de entrada ya vienen con IA de serie y no hay espacio para el error humano. Bueno… sí lo hay, pero menos… o al menos es mi sensación.

No tengo respuestas bonitas. Tengo dudas, café, memes de gatos y perros y juegos para no pensar. Sé que la IA no es el demonio, pero tampoco es neutra. Es una herramienta que, si no la controlas, te controla. Es un espejo cabrón que te pone delante lo prescindible que puedes parecer.

Mi plan (por ahora): aprender, sí. Usarla, por supuesto, porque no deja de ser algo que me sigue sorprendiendo y que me es MUY útil co-creando, pero no dejaré que me robe la capacidad de pensar ni la voz, apostar por lo humano, lo que no se puede copiar tan fácil: la empatía, las relaciones, la visión crítica, la historia detrás de cada cosa.

Esto no es un post motivacional (¡vomito de nuevo!). Es un desahogo, la foto del momento, la neurona prestada hecha confesión.

En fin, lo dejamos hoy aquí.

En el siguiente te cuento algo distinto: la vez que ChatGPT me ayudó a no caer en un phishing (de hecho, fue hace no hace mucho), porque no todo son cagadas… a veces también es tu ángel de la guarda digital.

Nos vemos en la siguiente (o no), y que la IA nos pille bien espabiladas/os.


Más fuentes (para que no digas que me lo invento)


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